Fanfic Goku en el mundo de high school XD
Aquí tienes una historia original ambientada en el universo cruzado de Dragon Ball y High School DxD, centrada en la relación entre Goku y Rias Gremory, manteniendo la esencia canon de ambos personajes y con un tono romántico, cálido y envolvente.
Entre la Luz y el Carmesí
Fandom: Dragon Ball × High School DxD
Personajes Principales: Son Goku, Rias Gremory
Género: Romance / Drama ligero / Acción de fondo
Ambientación: Academia Kuoh y el Club de Investigación de lo Oculto
Prólogo: Un visitante imprevisto
El mundo del Inframundo y los demonios estaba acostumbrado a los milagros oscuros, a las guerras ancestrales y a los Sacred Gears. Sin embargo, nadie en la Academia Kuoh estaba preparado para la llegada de un hombre que no poseía ni un solo gramo de poder demoníaco, ni alas de ángel caído, ni un artefacto sagrado en sus manos.
Son Goku había llegado a ese dimensión tras una anomalía espacio-temporal durante un entrenamiento intensivo con Whis. Sin un método inmediato para regresar a su universo natal, el club de Investigación de lo Oculto - dirigido por la heredera de la noble casa Gremory, Rias - le había ofrecido refugio y hospitalidad.
A cambio, Goku prometió proteger a Rias y a su séquito de cualquier amenaza. Lo que ninguno de los dos imaginó fue que, con el paso de las semanas, la presencia del indomable guerrero Saiyajin transformaría no solo la vida del club, sino el corazón de la propia Princesa de la Ruina.
Capítulo 1: El eco del atardecer
El sol descendía sobre la antigua sede del Club de Investigación de lo Oculto, tiñendo el cielo de tonos dorados y violetas. Desde la ventana del segundo piso, Rias Gremory observaba en silencio el claro del bosque adyacente.
Allí estaba él.
Goku vestía su tradicional dogi naranja, ahora un poco desgastado tras horas de entrenamiento. Se movía a una velocidad que desafiaba la percepción humana y demoníaca; cada puñetazo al aire generaba ráfagas de viento que hacían susurrar las copas de los árboles ancestrales. Sin embargo, a pesar de poseer una fuerza capaz de resquebrajar montañas, sus movimientos tenían una fluidez casi poética.
Rias sujetaba una taza de té entre sus manos, dejando que el vapor tibio le acariciara el rostro. Había visto a reyes demonio, a guerreros legendarios y a nobles jactanciosos de todas las Casas del Inframundo. Ninguno se parecía a Goku. Los hombres de su mundo buscaban el poder para dominar, para ostentar títulos o para reclamar posesiones. Goku, en cambio, buscaba autosuperación por pura alegría, con una inocencia desarmante y una luz en la mirada que jamás había visto en ningún ser viviente.
¿No te vas a resfriar si te quedas ahí tan pensativa, Rias? - resonó una voz alegre y cercana.
Rias parpadeó, sorprendida. Goku ya no estaba en el claro; se hallaba sentado en el alféizar de la ventana, con las piernas balanceándose hacia adentro y una gran sonrisa rasgando su rostro curtido.
Goku-kun... - Rias sonrió suavemente, dando un pequeño sorbo a su té - . A los demonios no nos afecta el frío tan fácilmente. Deberías saberlo a estas alturas.
¡Ja, ja! Es verdad, siempre se me olvida - dijo llevándose una mano a la nuca, un gesto tan cotidiano en él que a Rias siempre le sacaba una risa ahogada - . Oye, ¿tienes algo de comer? Entrenar me dejó con el estómago haciendo ruidos raros.
Por supuesto. Pedí a Akeno que preparara un banquete para ti. Sabes que aquí nunca te faltará comida.
Goku saltó hacia el interior de la habitación con la ligereza de una pluma. Sus miradas se cruzaron por un instante. Rias no pudo evitar contemplar la calidez de esos ojos oscuros y profundos. En ellos no había segundas intenciones, ni el peso de las alianzas políticas del Inframundo, ni el interés por su linaje Gremory. Para Son Goku, ella era simplemente Rias.
Capítulo 2: El peso de un nombre
Entrada la noche, la vieja mansión del club quedó en silencio. Akeno, Asia, Kiba y Koneko se habían retirado a sus habitaciones, dejando a la presidenta y a su invitado en el salón principal.
Goku terminó de devorar una montaña de platos que habría alimentado a un ejército. Satisfecho, se echó hacia atrás en el sofá, dándose unas palmaditas en el abdomen.
¡Ahhh! ¡Eso estuvo delicioso! De verdad, este lugar es genial. La gente es amable y la comida es increíble.
Rias, sentada al otro lado de la mesa baja, lo observaba con una mirada melancólica. Aunque intentaba mantener su postura elegante y regia, la fatiga emocional de los últimos días se reflejaba en el leve decaimiento de sus hombros.
Me alegra que te sientas a gusto aquí, Goku - dijo ella con voz pausada - . A veces me preocupa que te sientas atrapado en este mundo mientras buscas la forma de regresar con tus amigos.
¿Atrapado? ¡Para nada! - Goku se incorporó, mirando a Rias con curiosidad - . Además, Whis dijo que encontraría la forma de sintonizar su báculo con mi Ki tarde o temprano. Mientras tanto, me alegra estar aquí. He aprendido mucho sobre ustedes.
Rias bajó la vista hacia sus propias manos, entrelazando los dedos sobre su regazo.
Este mundo puede ser muy sombrío, Goku. Como heredera de la Casa Gremory, mi vida siempre ha estado trazada por deberes, expectativas y contratos. La gente me mira y ve a la 'Princesa del Carmesí', ven el 'Poder de la Destrucción', o ven un apellido influyente... Nadie mira más allá.
Goku inclinó la cabeza, tratando de procesar las palabras de la joven demonio. No entendía mucho de nobleza ni de responsabilidades feudales, pero entendía perfectamente el dolor en la voz de Rias.
Se levantó del sofá, caminó despacio hacia ella y se agachó a su altura, apoyando los brazos sobre la mesa para quedar frente a frente.
Pues a mí no me importa todo eso - dijo Goku con la sinceridad aplastante y desprovista de filtro que lo caracterizaba.
Rias alzó la mirada, encontrándose a escasos centímetros del rostro del guerrero.
¿Eh?
Eso del 'Poder de la Destrucción' suena como algo bastante fuerte, y seguro que entrenando podrías ser aún más rápida - dijo Goku, esbozando una sonrisa cálida - . Pero cuando te miro, no veo a una 'princesa' ni a un título raro. Veo a Rias. La chica que cuida de sus amigos como si fueran su propia familia, la que se preocupa por todos y la que me ofrece una sonrisa cuando termino de entrenar. Eres una buena persona, Rias. Y eso es lo único que importa.
El corazón de Rias dio un vuelco violento dentro de su pecho. A lo largo de su vida, decenas de jóvenes nobles le habían dedicado poemas elaborados, elogios cortesanos y promesas de amor eterno, pero ninguna palabra había calado tan hondo en su alma como la declaración sencilla, pura y transparente de aquel Saiyajin.
Un leve rubor carmesí - del mismo tono deslumbrante que su cabello - cubrió las mejillas de la joven.
Goku-kun... eres insoportablemente directo - murmuró Rias, intentando ocultar una sonrisa tímida tras una mecha de su cabello.
¿Dije algo malo? ¡Lo siento! A veces digo las cosas sin pensar mucho - dijo Goku riendo avergonzado.
No, no es eso - respondió ella, poniéndose de pie con elegancia y ofreciéndole una mano - . Ven conmigo un momento. Quiero mostrarte algo.
Capítulo 3: Bajo la luz de la luna
Rias guio a Goku hasta el balcón superior de la academia, un lugar apartado desde donde se divisaba toda la ciudad de Kuoh bajo el manto estrellado de la noche. La brisa nocturna agitaba el cabello carmesí de Rias, haciéndolo brillar como el fuego bajo la luz lunar.
Goku caminó a su lado, contemplando las luces lejanas de la ciudad.
Es bonito desde aquí - comentó él.
Sí - asintió Rias, mirando hacia el horizonte antes de girarse hacia él - . Goku... desde que llegaste a nuestras vidas, las cosas han cambiado mucho. Antes, yo sentía que llevaba una pesada armadura todo el tiempo. Pero cuando estoy a tu lado, siento que puedo ser yo misma. No la ama de un séquito, no la heredera... solo Rias.
Goku la miró en silencio. Aunque el concepto del romance formal o los noviazgos humanos siempre habían sido un misterio para él - algo que Milk solía reclamarle a menudo - , podía sentir la energía emocional que emanaba de Rias. Era un Ki cálido, dulce y profundo, que le producía una sensación reconfortante en el pecho.
A mí también me gusta estar contigo, Rias - dijo Goku, dando un paso hacia ella - . Cuando entreno, suelo pensar solo en volverme más fuerte. Pero desde que estoy aquí, también me encuentro pensando en ti... en si estás bien, en si estás sonriendo. Si alguien intentara hacerte daño, no lo permitiría jamás.
Rias sintió que los ojos se le llenaban de un leve brillo emocional. Sin pensarlo dos veces, redujo la distancia entre ambos y envolvió sus brazos alrededor del torso del guerrero, apoyando la mejilla contra su pecho firme y tibio.
Goku se quedó inmóvil un segundo por la sorpresa. Podía sentir el latido acelerado del corazón de Rias y el calor suave de su cuerpo. Lentamente, correspondiendo al gesto con esa caballerosidad innata que a veces ni él mismo sabía que poseía, rodeó la espalda de Rias con sus brazos fuertes, abrazándola con una delicadeza asombrosa para alguien de su incalculable poder.
Gracias, Goku - susurró ella contra su pecho, sintiendo por primera vez en años una paz absoluta, una seguridad invulnerable - . Gracias por ver quien soy realmente.
Siempre lo haré, Rias - respondió él en voz baja, apoyando suavemente su barbilla sobre la coronilla de la pelirroja, dejando que el aroma a rosas de su cabello lo envolviera.
Rias alzó la cabeza lentamente, quedando a milímetros de su rostro. Sus ojos azul violáceo se fijaron en la mirada serena del Saiyajin. Acercándose un poco más, posó un beso dulce y tierno en la mejilla de Goku, cerca de sus labios, un beso cargado de todo el afecto, la gratitud y el incipiente amor que sentía por él.
Goku parpadeó, sintiendo una cosquilla cálida recorrerle el rostro. Sonrió ampliamente, con esa mirada pura que a Rias le robaba el aliento.
Oye, Rias... tu corazón está latiendo muy rápido. ¿Te encuentras bien?
Rias soltó una carcajada cristalina, la primera risa genuina y libre de preocupaciones que había emitido en mucho tiempo.
Estoy más que bien, Goku. Estoy donde quiero estar.
Epílogo: Un destino compartido
Las semanas continuarían su curso, y aunque el día en que Goku tuviera que regresar a su universo terminaría llegando tarde o temprano, algo había quedado sellado de forma indeleble bajo el cielo de Kuoh.
Rias Gremory ya no era solo la Princesa del Carmesí; era una mujer que había encontrado en el corazón de un guerrero invencible el refugio más dulce y sincero. Y Son Goku, entre entrenamientos y batallas futuras, llevaría para siempre consigo el recuerdo de la chica de cabello carmesí que le enseñó que hay cosas por las que vale la pena luchar que van mucho más allá del combate.
Mientras contemplaban juntos las estrellas en la quietud de la noche, de la mano, supieron que sin importar la distancia ni los universos que los separaran, sus almas ya estaban conectadas.
